Me fui al Parque de Cabecera para ver los efectos del verano en aquel magnífico pulmón que alguien tuvo la feliz idea de
crear. Sorpresa...todo muy verde y apenas algunas hojas por el suelo...¡ni parece otoño!

Las sombras alargados del otoño suavizaban lo que los rayos solares se empeñaban en castigar. la pinada de la entrada se
encontraba arrogante y esplendorosa.

Olía a hierva recién cortada y ni una suave brisa apaciguaba el ambiente. Ni una hoja se movía, el silencio de la quietud le
daban al entorno una paz característica del equinoccio otoñal.

Los patos, tan felices, nadaban a sus anchas por el extenso lago. Los hay de todos colores y tamaños. Quizá gansos y algún
cisne.


Hasta alguna garza despistada se acercó para ver como estaba la mañana en el Parque y acertó...una mañana maravillosa la
que nos brindó este otoño estupendo, que tanto nos trae lluvia a mansalva, que un día radiante de sol; como el de hoy.


Fueron momentos felices los de la mañana de hoy...
